Más aliados que adversarios

Foto: Jorge Luis Sánchez Rivera

El trabajo por cuenta propia dentro del ámbito familiar deviene una conmoción en la cual se sienten inmersos todos sus integrantes

“Al principio estábamos seguros que habíamos pensado en todo, teníamos claro a qué nos dedicaríamos, los recursos para la primera inversión, seleccionada la parte de la casa que íbamos a remodelar para poner allí el negocio, quiénes de nosotros trabajaríamos en él, el horario…, en fin, todo estaba premeditado. Al menos eso pensamos…”

Así se expresaba mi vecina Cristina cuando conversaba acerca de la experiencia personal y de su familia como trabajadores por cuenta propia. Lo que no habían previsto, según me cuenta, son las transformaciones que tuvieron que hacer en la rutina cotidiana de vida y cómo todos en casa, al tiempo que se beneficiaban de los resultados de la nueva faena, también “sufrían” sus consecuencias.

Emprender el trabajo por cuenta propia en el ámbito familiar, resulta tarea bien compleja y requiere de enfrentar un grupo de situaciones para lo cual hay que prepararse muy bien.

Una de cal…

Debilidades y fortalezas andan a la par cuando se emprende una labor como esa. Generalmente, si se ha escogido una parte de la casa para colocar la nueva empresa, (casi siempre la entrada o un lugar bien cerca de la calle), los habitantes de la morada tendrán que prescindir de su uso en las actividades cotidianas. Ello implica en muchos casos la pérdida del local donde acostumbraban a reunirse, recibían visitas, los y las menores hacían sus tareas…

Otro conflicto puede surgir cuando el o la jefe de la familia no sea la o el jefe del negocio, pues la relaciones de poder tiene que supeditarse al momento del día en que se encuentren, o sea, mientras dure la jornada de trabajo uno será quien mande y una vez concluida la misma, la responsabilidad será de otra persona.

También pueden existir otros empleados/as que no forman parte de la familia y por lo tanto serán “extraños” inmersos en la dinámica filial.

Pero el problema más acuciante es el de índole económica. El mismo hecho de contar con un equipo de trabajo unido por la consanguinidad, puede traer aparejado dos opciones desde el punto de vista económico: la tendencia a ahorrarse dinero en sueldos, lo cual si bien permite que se invierta más en recursos propios de la labor, puede colindar con alguna forma de explotación, o por el contrario, sufrir el “síndrome del niño mimado”, cuando la remuneración es excesiva y responde más a los sentimientos de protección que a la eficiencia demostrada en la actividad que realizan.

Tanto la sobreexigencia como el exceso de tolerancia son letales para el desarrollo de cualquier proyecto familiar, sobre todo si ello provoca enfrentamiento entre los eficientes y mal pagados y los ineptos bien remunerados.

Para citar más inconvenientes de este tipo de “empresa” pudiéramos enumerar el nepotismo y las llamadas plantillas infladas en el afán por darle cabida a todos. Para algunos la relación trabajo- hogar se transforma en trabajo- trabajo, es decir, desaparece el hogar como sitio de descanso, esparcimiento, donde se socializan las experiencias diarias. La familia pasa de ser una “familia tradicional” unida por una historia a ser una “familia empresaria” unida por un futuro.

En el caso de las mujeres, de manera general, existe una mayor presión pues se tiende a fundir las tareas domésticas con las propias del negocio, es decir, se mezclan los límites y resulta imposible definir cuándo acaba una y comienza la otra.

… y otra de arena

Sin embargo, está demostrado que la familia constituye el escenario ideal en aras del fortalecimiento del negocio y el interés por obtener ganancias. Destaca el fuerte sentido de pertenencia, la fidelidad y compromiso.

Si son los miembros de la familia quienes participan en el negocio, se cuenta con la ventaja de que se conocen los defectos y virtudes. No por gusto los equipos deportivos que se comparan con la familia resultan a la postre los campeones.

Existen claves que permiten combinar armónicamente las necesidades de la familia y el negocio, o lo que es igual,  la formalidad de una organización profesional y la informalidad del trato familiar. Lo primero es aprender a combinar los intereses y el amor, sentir respeto por quien dirige, ser exigente como jefe y amoroso como padre o madre, mantener una fluida comunicación, colegiar las decisiones, dividir de manera clara los roles, separar los momentos de trabajo del resto y los asuntos familiares de los empresariales.

Por último, vale apuntar que las y los menores de casa pueden participar del negocio familiar, pero sin descuidar las obligaciones escolares y propias de la edad. Además, tener en cuenta que pueden existir miembros del núcleo familiar, cuyos intereses no estén vinculados con el perfil que desarrolla la empresa familiar y estamos en la obligación de dejarlos volar.

Una familia unida, será una empresa sana, con muchos aliados interesados en la conservación del patrimonio.

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