Del modelo único a la diversidad

3-1La familia tiene la misión de contribuir a que las nuevas generaciones acepten las diferencias y luchen contra las desigualdades, para así lograr la convivencia en un mundo de paz y armonía

Diversidad es un término se emplea con frecuencia en nuestros días, en un noble esfuerzo, cada vez más logrado, por legitimarlo. Se reconoce lo diverso en todos los aspectos de la vida y negarlo sería absurdo. Hay diversidad en la naturaleza, las culturas, las razas, en la preferencia y orientación sexual, en los intereses personales, de idiomas, en la apariencia, en las capacidades, en los modos de vivir en familia… La diversidad llena el mundo.

En la batalla por formar personas más flexibles y tolerantes resulta incuestionable que algo se ha avanzado, pero aun queda un largo camino para lograrlo. En ese sentido, la familia es la institución por excelencia para formar personas que no solo respeten las diferencias, sino que además, amen la diversidad y rechacen cualquier tipo de discriminación.

En ocasiones, cuando encontramos personas que tienen formas de ser o de comportarse desigual a la nuestra, la reacción puede que no sea coherente. Lo curioso es que si hay algo que nos caracteriza como seres humanos, es el hecho de ser diferentes unos de otros. Somos distintos por naturaleza, por lo tanto, ¿por qué nos cuesta entonces asumirlas?

Somos los padres y las madres los encargados de mostrarle a la descendencia el mundo real, para lo cual debemos formar conceptos en los que quepan todas las personas. Una mente abierta nace de un entorno de aprendizaje abierto. Los y las infantes están constantemente observando cómo los mayores lidian con distintas situaciones que se presentan, lo importante es que aprendan que la diferencia, si no perjudica a las personas, no es un problema, son solo puntos de vista que dependen de las diversas historias de vida, de los distintos contextos, de disímiles gustos o preferencias.

Criar en la diversidad

A2-1 diferencia del resto de las instituciones, la familia educa durante toda la vida y en todas trayectorias. El seno familiar asoma a niños y niñas al mundo y en él obtienen sus primeros valores. No caben dudas de que todos los esfuerzos en la crianza de hijos e hijas van dirigidos a formar personas integrales, convencidas de la importancia de la justicia social y la igualdad de oportunidades y posibilidades.

La familia puede condicionar filosofías acertadas o desacertadas ante la vida e incluso buenas o malas prácticas de para vivir. De ahí que debe ser un propósito educar en la diversidad, para la diversidad y desde la diversidad.

Resulta muy beneficioso crecer sabiendo que si alguien actúa de manera diferente no quiere decir que esté equivocado, todo lo contrario, las marcas en la personalidad hacen que cada ser sea único, auténtico y especial.

Para lograrlo es posible que nos veamos necesitados de transformar concepciones para adaptarnos a la pluralidad. Lo primero es ser conscientes de las limitaciones que provocamos cuando criamos personas intolerantes y que es inevitable asumir la cultura de la diversidad.

Lo primero que se impone es revisar y cuestionar aquellas significaciones que consideramos “naturales”, esa es una forma de empezar a transmitir la inclusión en las diferencias.

También es importante conversar con las y los muchachos acerca de estos temas de manera desinhibida, lejos de enfoques cerrados. Ser partícipe de sus experiencias con compañeros/as “diferentes”, insistiéndoles en valorar las necesidades, posibilidades y potencialidades de cada individuo por encima de otras características menos definitorias. En esos intercambios podemos hacerles saber cuál es nuestra postura pero dándoles la libertad de conocer que existen otras y que no por ser distintas son menos válidas.

Otra acción que podemos realizar es documentarlos acerca de la historia y cultura propias y de otros lugares del mundo, llevarlos a museos, ponerlos en contacto con el arte, la fotografía, la música, el baile, el teatro, probar comidas internacionales, historias de personas de diferentes culturas, comentar las noticias… Sentir amor por su cultura propicia el respeto por la cultura de los demás

También podemos enseñarles a combatir los estereotipos, censurando cualquier tipo de comentario intolerante y/o prejuicioso. Convocarlos a ser originales y no meros reproductores de moldes establecidos. Permitirles explorar sus propios gustos, pensar y manifestar sus criterios sin encasillarlos. Educarlos en valores que fomenten el respeto y la tolerancia.

Si desde el hogar logramos poco a poco posturas integracionistas y vamos debilitando la resistencia a los cambios, no solo iremos logrando la legitimación de lo diverso, sino también conseguiremos que las nuevas generaciones tengan mayor autoconfianza, autoestima y seguridad en sí mismos. El respeto a las diferencias se ha instalado en nuestros tiempos como una cualidad altamente valorada, pues definitivamente, sin diversidad el mundo sería bastante monótono.

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