Familia, roles y modernidad: ¿Quién es quién?

Más que una simple unidad jurídica, social y económica, la familia debe ser, ante todo, una comunidad de amor, de enseñanza y de solidaridad.

Más que una simple unidad jurídica, social y económica, la familia debe ser, ante todo, una comunidad de amor, de enseñanza y de solidaridad.

Actualmente, las familias modernas tienen distintas aproximaciones, formas y tipos, pero esa estructura aún sigue siendo el núcleo fundamental de la sociedad.

Solo tiene que ocurrir un evento: el nacimiento de un o una bebé. Este simple y cotidiano hecho mueve toda la arquitectura en el hogar. Los hijos e hijas se convierten en padre y madre; el padre y la madre, en abuelo y abuela, los hermanos y hermanas, en tíos y tías… los integrantes del núcleo experimentan una evolución en sus roles que trae consigo nuevos desafíos.

En los estudios acerca de las familias, muchas páginas se han dedicado al debate sobre los roles que desempeñan sus integrantes. Estos se configuran en la propia «escena», aun cuando existen patrones socialmente establecidos que los identifican como madre, padre, abuelos, tíos, hermanos…

Según explica la doctora Patricia Arés en su libro La familia. Una mirada desde la sicología, los roles se pueden clasificar en:

  • Parentales, conyugales y filiares, referidos a los lazos de parentesco que existen (madre, padre, hermanos…).
  • Genéricos, a partir de los papeles asignados por la cultura a los sexos femeninos y masculinos (mujer-madre, hombre-padre).
  • Psicoemocionales, que tienen que ver con las funciones que impone la dinámica familiar a sus miembros desde el punto de vista emocional (el dependiente, la oveja negra, el benjamín…).

Todos ellos están permeados por la carga de estereotipos que asigna la cultura en que se desenvuelve.

La asignación de los roles dentro del hogar está sujeta a condicionantes tales como: la historia, la convivencia intergeneracional, los valores culturales, la sociedad en la que se desenvuelve, la situación y las relaciones entre sus miembros… Cada núcleo tiene sus características propias, de ahí que las funciones de los integrantes, a lo interno, se adaptarán a sus exigencias y demandas.

Si bien en los tiempos que corren se han producido cambios importantes en la definición moderna de familia, y el modelo de la tradicional o clásica es cada vez menos hegemónico, esta sigue siendo la unidad básica más común e importante de la sociedad.

Vistazo desde la modernidad

Men with sleepy child

Men with sleepy child

Los cambios fundamentales en las familias modernas están basados en aspectos tales como: la composición y funciones de sus integrantes, la interacción con el resto de los actores sociales, los ciclos de vida y los roles de sus miembros.

Actualmente los marcos que regulan los desempeños en el ámbito filial se van borrando cada vez más. Aunque la presión social aún marca un modelo, las sociedades contemporáneas son más flexibles.

En las familias actuales se va generalizando la tendencia a la colaboración y la responsabilidad compartida. La aspiración es que ambos progenitores, los tutores y las y los adultos de casa de manera general, velen por la buena marcha de aspectos referidos a la economía, la educación, la vida social, el trabajo, la formación de valores, la seguridad, la salud…

Las relaciones familiares deben mantener una armonía y esta depende de las aportaciones de sus integrantes al grupo. Es por eso que si pensamos en la división por roles dentro de casa, la única segmentación válida en los tiempos que corren es la que se establece entre adultos y menores.

Los límites en las funciones que deben asumir las madres y las que deben asumir los padres ya van desapareciendo.

Errores y confusiones: un peligro latente

Teniendo en cuenta lo comentado hasta aquí, se podría considerar un error hablar del rol de padre o rol de madre. Ya no asombra a nadie escuchar: «Mi mamá no ha llegado del trabajo y mi papá está haciendo la comida». Las funciones asignadas a quienes tienen el rol de adultos pueden ser asumidas por cualquier miembro mayor de edad, siempre que no se altere el funcionamiento familiar.

Tampoco parece correcto decir que uno de los miembros «es madre y padre a la vez», ante la existencia de un progenitor ausente. Se es madre o se es padre, aun cuando solo uno de los dos tenga toda la responsabilidad.

Otro error es incitar a las y los menores a asumir funciones de adultos, como es el caso de delegar el cuidado de hermanos menores, asignarles responsabilidades no acordes a su edad y que vayan en detrimento de sus actividades fundamentales (estudio, juegos…), o convertirlos en paños de lágrimas cuando se tiene problemas de pareja, laborales o de otro tipo.

Por último, merece llamar la atención sobre la conocida frase «soy amiga o amigo de mi hijo/hija». Eso es algo imposible de hacer realidad. No se debe confundir el hecho de tener buena comunicación con la amistad. Para empezar, las amistades se escogen; los padres no. Los amigos comparten los límites; los padres los establecen y los hacen cumplir. Las relaciones de amistad se pueden modificar o simplemente terminar, los vínculos entre los progenitores y su descendencia deben ser estables y son vitalicios, un amigo o amiga puede dejar de serlo, un padre o madre, no. Ese tipo de relación simétrica que es la amistad, no es compatible con la jerarquía que implican la paternidad y la maternidad.

En resumen, si coincidimos en que es la familia la primera instancia de socialización entre las personas y por ende de formación, pues los modelos se convierten en los valores; se impone entonces establecer claramente las estrategias familiares acerca de la función que deben desarrollar cada uno de sus miembros, para que exista consistencia interna, es decir, que haya acuerdos sobre lo que se espera de cada uno de forma clara y explícita. Mientras mayor definición haya, menor es el riesgo de ambigüedades, y todo en la familia funcionará como un perfecto engranaje.

Mantener un equilibrio dinámico en el ámbito intrafamiliar es clave para la consecución de una armonía. Es por eso que ampliar la mirada y visualizar desde la modernidad el concepto de familia, impone, entonces, readaptar sus estructuras a los nuevos contextos.

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