Enseñar a pensar

Juegos-educativos-para-ninos-3La tierra que no es labrada, jamás dará una buena cosecha, así entrenar el ejercicio mental de razonar, reflexionar y tomar decisiones desde la infancia y en el ámbito familiar, será un privilegio para el desarrollo de la inteligencia humana

Desde tiempos antiguos el desarrollo del pensamiento humano ha estado en la mira social. Así la historia recoge distintas «escuelas de pensadores», en donde se reunían los filósofos más ilustres, quienes de diversas maneras explicaron los fenómenos de la vida.

Desarrollar el pensamiento ha sido y es interés del género humano desde sus orígenes hasta la actualidad, pues resulta importante tanto para los grandes proyectos universales como para los planes más domésticos.

Si partimos de que pensar es la máxima actividad y creación de la mente, entendido como  el arte de ordenar ideas, resolver problemas y expresarse a través de palabras o hechos, resulta también un interés familiar enseñar a pensar a las nuevas generaciones.

Todos los productos que la mente pueda generar son considerados pensamientos, bien sean abstractos, racionales, creativos, artísticos… por lo tanto, enseñar a los hijos e hijas a generar, es entrarlos en el milenario y siempre productivo ciclo de la siembra y la cosecha.

Muchas personas creerán que tal aprendizaje es innecesario, pues como seres humanos contamos con esta capacidad de forma innata, sin embargo padres y madres están en el deber de, desde la más tierna infancia, potenciar en la descendencia la formación de sus inteligencias.

Con bastante frecuencia ocurre que las y los  pequeños llegan a la escuela sin que la familia les haya enseñado a pensar por sí solos, hacen las cosas como robots, porque así están acostumbrados. Desde que nacen, sus padres y la sociedad en general les han dado todo predeterminado. Es entonces cuando chocan con la dura realidad de tener que asumir hechos nuevos como saber comportarse, solucionar problemas, insertarse a un grupo… para lo cual tendrán que ponerse a meditar qué hacer en cada momento.

Mientras más preparados estén para enfrentar esa etapa de la vida, más posibilidades de éxito tendrán, de ahí que enseñar a pensar es básico desde las primeras edades. Es una inversión a largo plazo, que empieza en la cuna y nunca termina.

Pensar, enseñar a pensar y aprender a pensar son las tres obligaciones inteligentes de la educación familiar. Es la forma de desarrollar los talentos y descubrir todo el inmenso poder que tiene el mundo, es desplegar la capacidad de resolver problemas vitales. Serán más inteligentes y más libres cuanto mejor conozcan la realidad, sepan evaluarla, reflexionen acerca de ella  y sean capaces de abrir más caminos.

Como en todo aprendizaje, la motivación y el entrenamiento resultarán imprescindibles en el proceso de lograr personas mejor preparadas. Algunas preguntas pueden dar la clave para despertar interés por reflexionar: «¿Qué es?» «¿Por qué es así?» «”¿Por qué y cómo lo sabe?». Estas y otras incitarán a que las y los menores piensen sobre la vida y arriben a conclusiones personales.

Si logramos que disfruten desmontando cualquier hecho por insignificante que parezca, busquen la explicación, mediten… habremos vencido una gran batalla por su futuro. Quizás resulte exagerado, pero no estaría mal colocar carteles que obliguen a respetar el momento de pensar. Qué tal un texto que diga: «Estoy pensando, si no es urgente, llamarme más tarde».

De cualquier manera, realizar acciones para entrenar y estimular el pensamiento y las inteligencias resulta válido para crecer en libertad y en responsabilidad.

Del impulso irracional a la inteligencia

Para los seres humanos enfrentar la vida constituye un reto diario, por lo tanto en la medida en que mejor preparados estemos, el desafío sería más eficaz. De acuerdo con la etapa vital en que nos encontremos, así reaccionaremos ante las frustraciones o las victorias que son inherentes al acto de existir.

Ante un hecho desagradable los niños y las niñas lloran, o dan una soberana perreta. En la medida en que van creciendo se van transformando las manifestaciones que pasan por los insultos, las ofensas y hasta la agresión. Si lo que ocurre es agradable entonces serán las risas, los saltos y la euforia lo que predominará. Sin embargo, no siempre nos han preparado para saber reflexionar en cada caso de manera calmada, de forma tal que saquemos las enseñanzas que de ellos se derivan.

Múltiples acciones podemos desarrollar durante la crianza para hacer que hijos e hijas perfeccionen su forma de actuar y demuestren conductas inteligentes.

Lo primero es enseñar a no engañarse, a ser sinceros, a actuar con coherencia, a trazarse objetivos o metas que estén bien diseñados, sean realizables y razonablemente alcanzables. También ayudarlos a establecer prioridades, plantearse problemas y buscar las soluciones.

Otra cuestión a tener en cuenta es contribuir a que descubran el mundo tan humano del error y a aprender de las equivocaciones.

Para el entrenamiento de la inteligencia humana es importante fomentar el diálogo, el ejercicio mental de razonar, de defender una causa, de tener argumentos para las propias decisiones, darles las herramientas para desarrollar el pensamiento crítico.

La inteligencia debe de ser eficazmente lingüística. El lenguaje y la escritura son, por excelencia, formas de expresión, de ahí  la jerarquía que debe tener la lectura como una vía para apropiarse de mayores recursos del idioma y de la escritura y la conversación como mera forma de exponer las ideas.

Pensar es mucho más rápido que hablar, por lo que siempre debe ir por delante. Primero pensar y después hablar. Si los enseñamos a pensar bien, es casi seguro que hablarán bien.

Es una sana estrategia preguntar continuamente, saber aprender y disfrutar aprendiendo. Hacerles comprender que deben ser más inteligentes que la televisión y las pantallas electrónicas. Para lograrlo, los juegos didácticos pueden ser un buen recurso.

La familia necesita tener una buena brújula, para orientar a su descendencia a que reflexionen profundamente, en las cosas que el mundo ha puesto a su alcance. El hábito de pensar y las técnicas de saber hacerlo, les permitirán navegar en esos turbulentos mares llenos de escollos. No enseñar a los hijos a imponer una mente activa sobre una mente pasiva, es privarles de un imprescindible compañero de viaje en esta vida.

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