Fundir la vida real con el mundo virtual

dsc08880La adicción que proporcionan las redes sociales puede ser una tendencia en adolescentes y jóvenes, a la que la familia debe prestarle la mayor atención

En otros trabajos hemos hecho alusión a los riesgos que asume la familia moderna con la inclusión de las nuevas tecnologías de la comunicación en nuestras vidas, pero considero imprescindible continuar hablando del tema, sobre todo si se tienen en cuenta que las y los jóvenes las manejan mucho mejor que una gran cantidad de las y los adultos. La juventud ha nacido en ese medio, lo asumen como parte de la vida común por lo que cuentan con ventajas en el uso, que los mayores no poseen, es la clásica contradicción entre los “nativos” y los “inmigrantes digitales”.

El tema de esta ocasión es la novedosa tendencia de las y los adolescentes de estar “metidos” en Facebook constantemente. He conocido de algunos/as que ahorran el dinero de sus mesadas para comprar una tarjeta y poder revisar y/o actualizar su Face. Otros se pierden de la casa durante horas por estar conectados, o se abstienen de realizar otras actividades sociales, estudiantiles… Incluso sé de uno que se “enferma” cuando no tiene dinero en su cuenta para navegar, pues no puede pasar un día sin revisar su perfil.

Este furor no es exclusivo de la juventud cubana. El fenómeno Facebook ha inundado el planeta y aunque en la isla el acceso es más limitado, no escapa de su alcance.

Con más de un millón y medio de usuarios activos Facebook proporciona a las personas la posibilidad de comunicarse, conocerse y reencontrarse, pero también de “perderse” en un mundo virtual.

enganchados-al-movil-por-que-es-un-error-hablar-de-adiccionEs por eso que padres y madres deben saber qué es y qué riesgos corren las y los muchachos cuando desde una aparente tranquilidad, se enfrentan a las redes sociales. Si hasta hace algún tiempo bastaba con saber quiénes eran los amigos/as de nuestros hijos, con qué personas se visitaban o andaban; ahora hay que saber también quiénes son sus amistades en las redes sociales, e incluso, algo más difícil, quienes son los amigos de sus amigos, pues hasta ellos llega el alcance de ese medio de comunicación.

Es natural en el género humano la necesidad de socializar y pertenecer a grupos y esto lo proporcionan las redes sociales. Sin embargo el concepto de amistad e intimidad ya no implica necesariamente presencia física, lo cual entra en contradicción con la vida analógica a la que estamos acostumbrados los adultos, donde se nos hace imprescindible el cara a cara.

Además en la etapa de la adolescencia se está terminando de formar la personalidad y en este sentido cualquier situación impactará en gran medida. Por eso es deber de la familia estar atentos a este nuevo fenómeno y acompañar a nuestros adolescentes en su travesía por este mundo.

¿Qué debemos conocer las y los adultos sobre Facebook y otras redes sociales?

Lo primero es saber que no queda de otra que asumirlo como algo que llegó para quedarse. Es una forma muy novedosa y abierta de tener amigos/as, compañía, de dar a conocer nuestro mundo y de estar al tanto del de los otros. En ellas encontramos casi todo lo que queremos saber.

Por ser una herramienta tan revolucionaria, permite el contacto directo en cualquier momento del día con las personas, los comentarios propician el debate, puedes encontrar amistades o familiares lejanos, en fin que acerca a las personas. Como es la red que más usuarios activos posee, resulta fácil encontrar a quienes deseamos, e incluso conectarse con varias al mismo tiempo.

Facebook ofrece varias formas de comunicación: mensajes directos, publicaciones en el muro, servicio de chat y los comentarios. También puede convertirse en un recopilatorio personal, pues  funciona como una especie de álbum/diario propio.

Por otra parte existen los grupos afines sobre una temática determinada, por lo permite estar al tanto de lo último acerca del asunto que nos interesa.

El crecimiento de Facebook parece no tener fin. Incluso, una tendencia actual es buscar el perfil de la persona que deseamos conocer, por lo tanto lo que ahí aparezca, será una especie de carta de presentación.

Hasta aquí todo está bien, pero no tiene solo ventajas.

El uso – y peor el abuso- de las redes sociales sobre todo por las y los adolescentes puede tener también malas consecuencias, pues corren el riesgo de estar regalando su privacidad. Cuando se escribe algo en Facebook, en realidad se está hablando en público.

Existe la tendencia a hacer un reality show de la vida cotidiana que comienza con la consabida frase de “Buenos días Facebook” y la carita acabada de levantar, y llega hasta ir detallando paso a paso todo lo que ocurre en la jornada. Es lo que se ha dado en llamar el reflejo de la extinidad en oposición a la intimidad.

Es un lugar donde se refuerzan los estereotipos de belleza, éxito, felicidad y hasta intelecto. Se dice que cada “Me gusta” libera endorfinas que crean un sentimiento de satisfacción. Es una muestra de aceptación y popularidad y por lo tanto de autoestima.

Pero también en Facebook la comunicación es casi siempre fingida, las selfies hasta se ensayan frente al espejo o se copian unas a otras como es el caso de las “boquitas a lo Betty Boop”. Permiten mostrar solo lo que se quiere, crear una autoimagen deseada. Es como elaborar una historia de vida en la que solo se muestre la parte que nos interesa y donde Facebook es el espejo. Los límites entre lo real y lo virtual se confunden, por lo tanto cuesta distinguir lo verdadero de lo falso.

Es un espacio que propicia desarrollar posturas narcisistas, no solo se trata de dar a conocer paso a paso lo que hacen sino además, de la manera que les parece mejor (las mejores fotos, las mejores poses, los mejores comentarios…). Algunos contabilizan y hasta compiten con la cantidad de “Me gusta” y/o comentarios. Es tratar de reflejar de manera positiva la vida offline en la pantalla, o sea, online.

Estar “metido” en Facebook les permite pasar las horas de ocio, supuestamente en contacto con otros, sin embargo esa comunicación no es vivencial y directa por lo que reduce la socialización cara a cara.

Lo que se publica en Facebook, en Facebook se queda

En ocasiones sucede que después que “subimos” nuestra publicación, nos arrepentimos; pero ya el paso está dado. Recordemos cuántos de nuestra generación nos hemos abochornado cuando nuestros orgullosos familiares enseñaban a las amistades la clásica fotico sin pañales, bueno pues ahora, las imágenes que en un momento nos parecieron geniales y después nos avergüenzan, quedarán para siempre en sitios como Facebook.

Y el problema menor es que lo vean quienes tienen como amigos, sino que también les llega a los amigos de tus amigos y a los amigos de estos y así sucesivamente, por lo que el abanico en el quedas expuesto se amplía considerablemente.

Incluso he conocido que algunas redes sociales en las Condiciones de uso (algo que nunca leemos) incluyen compartir la propiedad de las fotos que se publican, por lo que pueden ser usadas en cualquier otra circunstancia.

Y si todo lo anterior fuera poco, también hay que saber que a través de las redes sociales se puede acceder a las páginas de otros usuarios o temáticas poco recomendables.

Ya el peligro no solo se reduce a los sitios relacionados con el sexo, sino que ahora existen algunos con invitaciones a la auto agresión e incluso a la muerte, como es el caso de video juego Ballena azul o el que desde Facebook life invita a los adolescentes a simular su muerte y enviar las fotos a sus amigos y familiares para crear espanto, para no hablar de lo suicidios que se publican en tiempo real. Las y los adolescentes se convierten en el caldo de cultivo de estas conductas aberradas

En resumen, aunque ellos se sienten independientes, pues no tienen encima la tutela de los padres, se van atando a una nueva forma de adicción.

Facebook o no Facebook, he ahí la cuestión

No obstante la postura más inteligente nunca será la de prohibir o censurar en las y los muchachos su presencia en las redes sociales. En primer lugar por el carácter tentador de lo prohibido y en segundo porque tratar de negar el desarrollo, es como luchar contra la corriente.

Lo más apropiado es enseñarlos a usar la tecnología con responsabilidad. Para ello resulta beneficioso hablar de todos los riesgos que corren para que ganen en conciencia y por sí mismos lleguen a la conclusión de lo que se debe y no se debe hacer.

La intensidad en el uso es otro aspecto a atender. Todo exceso es perjudicial, así que hay que estar atentos cuando los muchachos hacen fotografías de todo lo que pasa para subirlas a la red, revisan cada vez que se acercan a una zona wifi para actualizar su muro, se muestran locuaces cuando están en las redes pero introvertidos en la comunicación persona a persona, se pasan horas dando “Me gusta” a cuanto les aparece en su perfil o contando cuántos ha recibido su publicación, e incluso compitiendo entre ellos.

Hacerles saber que no se definen a las amistades por la cantidad sino por la calidad, por lo que no es aconsejable aceptar a todos los que le solicitan amistad, y menos sin conocerlos.

La adicción a Facebook ya ha sido catalogada en otras partes del mundo como una enfermedad, pero al ser un “padecimiento moderno” no se tiene un registro contable de las personas que la sufren y el impacto que puede alcanzar a largo plazo se desconoce.

 

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