Peligros virtuales ¿invisibles?

Nuestro blog ha venido abordando los retos de las familias ante el uso cada vez creciente de las nuevas tecnologías, Internet y las redes sociales. En esta ocasión nos referiremos al sexting: un nuevo veneno de moda, una nueva forma de violencia

Estamos en una época en que las tecnologías y la adolescencia van de la mano. Frecuentemente se produce una paradoja educativa muy particular pues son ellos/as quienes enseñan a las y los adultos el manejo de las herramientas informáticas. No obstante siempre es importante que conozcamos de las últimas tendencias que pueden surgir, cuando se trata de temas como Internet, las redes sociales y los teléfonos inteligentes.

No pretendo demonizar ninguno de estos avances tecnológicos, primero porque es un hecho que llegó para quedarse  y tiene sus bondades de las cuales ya hemos hablado, en cuanto a socialización, solidaridad, ruptura de barreras geográficas, entre otras. Pero lo que sí está claro es que cada vez suman más los peligros que encierran, como son los retos en las redes sociales entre los que se encuentra el llamado Ballena azul que incita a la autoagresión, y el más actual: el del agua caliente, que es “una prueba de valentía” al echarse agua hirviendo y demostrar que no pasa nada si rápidamente se pone agua fría.

Sin embargo, uno de los fenómenos que toma auge nuestros días es el llamado sexting que consiste en intercambiar fotografías, videos o texto de marcado carácter erótico sexual en las redes sociales, por mensajería electrónica (sms) o compartir de teléfono a teléfono. Es un vocablo de origen inglés y etimológicamente resulta de la unión de “sex” (sexo) y “texting” (envío de mensaje de texto por teléfonos móviles). Esto hace muy difícil el control pues no solo depende de una cuenta de Internet.

Ante esto, las y los adolescentes son totalmente vulnerables por el afán de estar a tono con su tiempo y pueden verlo como un acto de transgresión más, una necesidad de armar su propia cultura o un nuevo código en las relaciones entre sus pares.

Es una moda potencialmente peligrosa, aunque para ser justos, no es un fenómeno privativo de la juventud, pues hay adultos/as que también las utilizan. Lo cierto es que el problema lejos de disminuir aumenta y preocupa.

Las sexting pueden considerarse material pornográfico y esto, en menores de edad, es técnicamente un delito con consecuencias legales.

¿Por qué lo hacen?

Los porqués son múltiples y van desde la imitación a los famosos, la presión social, porque otros lo hacen, para exhibirse, coquetear, jugar… pero siempre sin medir las consecuencias pues en esa etapa son dad@s a actuar sin pensar.

Recordemos que en la adolescencia, por la mirada del otro, uno se construye: si gusto o no, si soy atractivo/a, si tengo aceptación, si estoy en lo último…. Estas son preguntas propias de la edad, sin contar que en los tiempos que corren, el culto al cuerpo está sobrevalorado y super demandado.

También puede ser una señal de compromiso y confianza con su pareja romántica, los “amigos con beneficios”, e incluso con las relaciones eventuales (las llamadas descargas).

Hay en esto además mucha ingenuidad, piensan que lo pueden controlar y que las relaciones son eternas. Recordemos que en esa etapa de la vida el amor es a la tremenda, cada pareja se convierte en “el ideal”, “la más importante”, “el hombre o la mujer se su vida”…, hasta que llega el próximo.

Por otra parte la televisión y otras vías de consumo cultural muestran constantemente escenas de sexo y estas pasan a ser “normales”.

Sin contar que puede considerarse una válvula de escape para su sexualidad en ciernes, pues es una práctica que en un primer momento provoca complacencia, y hasta felicidad.

Consecuencias

En nuestro contexto una primera dificultad radica en que padres y madres no tienen perfiles en redes sociales y por lo tanto no son “amigos” de sus hijos/as. Esto provoca que no tengan ni idea de lo que publican. En tal sentido las imágenes pueden terminar en cualquier lugar (recordemos que lo que se “sube” a Facebook no solo lo ven los “amigos” sino además los “amigos” de los “amigos” e incluso si estos lo comparten, el círculo se puede ampliar infinitamente.

A menudo estas informaciones suelen tomar un giro negativo cuando las relaciones o amistades se rompen o dañan y se convierten en instrumento de venganza. Incluso si ocurre de manera accidental (cosa que puede suceder), una vez que se da Enter se pierde el control de lo que se publica y no se sabe hasta dónde puede llegar esa información, ni el tiempo que puede durar. Se dice que Internet no olvida.

Aunque en principio casi siempre se produce de manera voluntaria, el sexting está asociado a otros conceptos como ciberbullyng (burlas),  grooming (estrategias que utiliza un adulto para obtener concesiones sexuales de un menor) y sextorsión (utilizar el contenido para chantajear a la víctima).

Se pueden aprovechar para acosar, intimidar, chantajear, lo cual provoca en quienes lo sufren, crisis de ansiedad, depresión, deserción escolar, bajos rendimientos, problemas de salud física como trastornos del sueño, alimentarios…, en fin supone una humillación pública.

¿Qué hacer?

Lo primero es decidirse a aprender la tecnología actual. No queda de otra que saber movernos en ese mundo virtual que, como podemos apreciar, no es tan invisible, ni tan ajeno.

Otra acción a tomar es evaluar si su hijo/a está listo/a para tener un celular (edad, madurez, personalidad…) y una vez llegado el momento, conozca las contraseñas para desbloquear su teléfono y revise sistemáticamente los archivos de imágenes, videos y textos de la mensajería. Si bien es cierto que esto puede valorase como una invasión a la privacidad, es una de las maneras más efectivas de saber “por dónde van los tiros”. No obstante hay que insistir en que la contraseña para desbloquear el teléfono no se comparte con nadie más que con usted.

Supervise los contactos del teléfono y los amigos de las redes, así como las aplicaciones que tiene instaladas y el historial de su navegación por Internet. Esté al tanto de si su hijo/a se esconde para usar el teléfono o la computadora y cuando nos sea posible, podemos acompañarlos mientras se conectan.

Además hay que hablarles del tema, pero no como quien descubre el agua tibia o con las alarmas encendidas, pues demuestra nuestra ignorancia en temas que ellos dominan y/o provoca el rechazo. Es más inteligente hacerlo a partir de sus conocimientos. Que ellos/as nos digan qué conocen sobre el tema, qué piensan, si saben de alguien que haya vivido la experiencia; para después llegar con el mensaje adecuado. Este fenómeno se debe incorporar a las charlas que tengamos sobre educación sexual y los comportamientos de riesgo.

Las y los adolescentes deben entender que todo lo que se comparte o se reenvía por sms puede ser visto por cientos de personas, de ahí la importancia de ser cuidadosos con la información que se brinda, además, que no se debe hablar con extraños por medio de los chat, aun cuando puedan tener la misma edad o intereses, pues los datos pueden ser falsos

Ofrezca la confianza suficiente para que les comente si ha recibido algún mensaje con imágenes o textos inapropiados o sospechosos. En tal sentido se debe conversar con ellos para enseñarlos a identificar qué es lo inapropiado, pues recordemos lo antes dicho: la avalancha de contenido sexual que reciben de los medios es tanta, que puede pasar como algo trivial propio de la cotidianidad. Además debemos incitarlos a no imitar el mal comportamiento de otras personas reenviando o compartiendo lo que potencialmente pueden recibir.

En todo caso deben saber que puede contar con usted ante cualquier situación de esta índole o de otra. Se trata de inculcarles el respeto por sus cuerpos y educarles en la cultura de la intimidad en contraposición con la llamada extimidad, que hoy trata de imperar.

Recuadro

PARA MUESTRA UN BOTÓN

Según estudios no tan recientes (2014), en Estados Unidos aproximadamente uno de cada cinco adolescentes usa su celular para tomarse fotos sexys. En México el 45 por ciento de las y los adolescentes compartió material erótico por medio de sus celulares y en Colombia 22 de cada 100 estudiantes de quinto a noveno grados han reportado haber sido víctimas de intimidación; 21 de cada 100 reconocen haber intimidado y 53 de cada 100 haber sido testigos de un acosos escolar. En la actualidad las cifras han aumentado.

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